Los restos de una madre

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Era la primera vez, que Esteban y María visitaban la tumba de su madre, viajaron durante días hasta un poblado en medio de bosque y entraron a escondidas, a mitad de la noche, usando los tubos de desagüe, para evitar saltar la enorme barda de cemento de más de cinco metros de altura. Antes de entrar el padre le pidió con mucha seriedad a su hijo de catorce años, que si los descubrían, corriera de inmediato en busca de ayuda, ya que era el único que podía saltar el enorme muro. A la pequeña de cuatro años, le dijo que se escondiera lo mejor que pudiera y no saliera de ahí a pesar de lo que escuchara. Los dos eran muy obedientes y no hacían preguntas, sabían que si su padre les daba instrucciones sobre algo, era porque no había mejor manera de hacerlo.

Después, de entrar asombrados con el exceso de lujo que se podía apreciar en las casas, fueron directamente hasta un salón, con una enorme pared llena de cámaras y puertas de mármol. El hombre abrió una y tomó de ahí un montón de huesos los cuales puso en un costal y se los dio al chico, refiriéndole que tuviera cuidado porque esa era su madre.

Antes de que el chico pudiera reaccionar, se escucharon unos pasos que se dirigían al salón, el hombre tomó a su hija y la metió en una de esas criptas. Mientras el chico, siguiendo las indicaciones de su padre, corría con todas sus fuerzas, cargando a su madre en aquella bolsa. Lo último que pudo ver antes de saltar el gran muro, fue a su padre rodeado por un grupo de aproximadamente trescientas personas.

El muchacho seguía corriendo sin mirar atrás, no se daba cuenta que cada vez se internaba mas en el espeso bosque, y solo se detuvo cuando escuchó movimientos a su alrededor, pero no podía ver nada en medio aquella oscuridad total. Volteaba de un lugar a otro tratando desesperadamente de descubrir lo que lo acechaba, pero su intento era en vano, solo escuchaba agitadas respiraciones y menguadas voces…

En un momento se hizo el silencio… y de entre los arbustos, saltó una llama de fuego que le robó las fuerzas y lo hizo caer de rodillas lleno de espanto. Cuando volvió en sí, pudo darse cuenta que se trataba de una mujer sosteniendo una antorcha, ella vestía ropas extrañas y su cabello era alborotado, igual que el de todas las personas que la acompañaban.

Después de interrogar al chico y este les explicara porque llevaba aquel costal de huesos consigo, le informaron que en aquel lugar donde había estado, la gente acostumbraba comer personas, y guardaban sus huesos en aquellas criptas como trofeo de sus malos actos. Todo esto a causa de un pacto con el señor de las tinieblas, el cual los convirtió en monstruos hambrientos de carne humana, a cambio de ofrecerles incontables riquezas.

Mientras terminaban de contarle aquella historia, veía a todas esas pobres personas, cargando en su rostro un pesado gesto de angustia, y preparándose apresuradamente con arcos y flechas, sin darse cuenta, a su corta edad, el chico seria parte de una batalla entre en el bien y el mal, se enfrentaría a aquellos seres malditos para rescatar a su padre y a su hermana, para que estos no tuvieran el mismo destino que su difunta madre… Continuará…

Los restos de una madre II

{ 6 comments… add one }
  • Alma

    waaaa.Ya quiero ver la continuación

  • estuvo buenisima de verian hacer otra historia ya que tienen tanto talento

  • seguid porfavor

  • Sonia Chavez

    K buen relato me quede con la intriga de saver k paso con.el chico

  • cuando va a continuar la historia

  • IMELDA

    HOLA: ME GUSTARIA SABER EL FIN DE LA HISTORIA, ME ENCANTAN LAS HISTORIAS DE TERROR AUNQUE EN ALGUNAS OCASIONES ME DA ALGO DE MIEDO.
    LAS HISTORIAS QUE HE LEIDO ESTAN MUY ESCALOFRIANTES TE MANTIENEN INTERESADO

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