Historia de un percance

historias de terror percanceEl pobre de Roberto revoloteaba en su cama sin poder conciliar el sueño, le consternaba una situación ocurrida días atrás, en los que se vio envuelto en un aparatoso accidente, cuando traía a sus hermanos menores de la práctica de futbol. En el percance, perdieron la vida varias personas, entre ellas, una chica de apenas dieciséis años, a la que arrollaron mientras cruzaba la calle.

Roberto se sentía culpable, pues después de asegurarse que sus hermanos estaban bien y ponerlos a salvo, fue a socorrer a la chica. Ella solo tenía una pierna rota, le ayudó a incorporarse para que saliera de la calle, pero tuvo que dejarla sola antes de llegar a la acera, porque uno de sus hermanos estaba vomitando sangre, así que corrió a ver lo que pasaba. En cuestión de segundos, otro conductor apareció, y esta vez, si le arrancó la vida a la muchacha.

Después de eso, no había forma de que el chico encontrara tranquilidad, ni mucho menos de que lo convencieran de su inocencia. Su vida era solamente lamentaciones y encierro.

Esa noche en particular, estaba cubierto de sudor, y con una pesadez total, las lágrimas se asomaban, pero se negaban a salir, aumentando su frustración. Por unos momentos, sintió que el viento entrante por la ventana le recriminaba sus actos, y golpeaba las paredes con su puño buscando consuelo.

Mientras estaba tirado en una esquina, escuchó un leve susurro diciendo su nombre —Roberto…Roberto—, el sonido parecía lejano, pero el aliento de su pronunciador estaba justo en su nuca. Lleno de escalofrío, giró su cabeza en un solo movimiento, y se encontró de frente con la chica del accidente, o más bien con su espectro, una masa traslucida, llena de sangre y de feo aspecto. El ente estiraba su mano intentando tocarlo, hablándole con su voz cavernosa; decía palabras que el chico no podía entender por estar envuelto en el miedo de ser arrastrado al castigo eterno por haberla abandonado…

Tras unos minutos de tensión, Roberto espiró; una última exhalación y su corazón se detuvo para siempre, sin darse tiempo se escuchar, que el espíritu de la joven estaba ahí para hacerle saber que no lo culpaba de lo sucedido, que lo perdonaba y debía perdonarse él, para avanzar los dos…

Aunque no eran las intenciones de aquel fantasma, finalmente, ambos continuaron su camino por el largo y oscuro túnel de la muerte.

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