Historia del carnicero

Historia del carnicero

La necesidad había llevado a Alejandro a conseguir un empleo después de la escuela, era aún menor de edad, y la única oportunidad que tubo, fue ayudando a don Julián, el carnicero, quien aprovechó la prisa que el muchacho tenia por ganarse unos pesos, imponiéndole las tareas más desagradables del lugar: cargar vísceras de aquí para allá, y limpiar el lugar una vez que los demás muchachos habían descarnado los animales.

El carnicero era un tipo rudo y mal encarado, pero extrañamente dejaba a sus empleados hacer y deshacer cuanto quería, solo existía una prohibición, “nadie debía quedarse ahí hasta el anochecer”. Don Julián era muy estricto al respecto, al acercarse las cuatro de la tarde, los estaba apurando para terminar, si por alguna razón no lo hacían, simplemente los echaba del lugar a toda prisa. Cuando los enormes faroles se encendían, ya no había nadie alrededor.

Un día, el pobre hombre enfermó y no pudo estar presente para despedir a sus empleados, los cuales no tomaron muy en serio el asunto de marcharse antes de oscurecer, y prefirieron quedarse para enfriar unas bebidas en los enormes congeladores y pasar toda la noche de fiesta.

Apenas se escondió el sol, una serie de ruidos alertaron a los muchachos, sonaba como si estrellaran los bultos de carne contra el suelo, luego se encendieron las máquinas cortadoras y se escuchó el afilar de los cuchillos, parecía que alguien estaba trabajando dentro, lo cual era raro porque todos ellos estaban juntos.

Cuando fueron a investigar, más de uno perdió el color del rostro, los pesados animales hechos hielo caían de los ganchos como frutas maduras, y las herramientas parecían flotar por los aires, de pronto se materializó ante ellos un corpulento hombre muy molesto, llevaba sus ropas llenas de sangre y agitaba con fuerza un enorme cuchillo, amenazándolos a todos. Salieron corriendo y la aparición fue tras ellos.

Muy cerca de la puerta, un hombre pálido y demacrado les salió al paso, tomándolos a todos por los brazos, cuando apagaron el griterío se dieron cuenta que era el patrón don Julián, se había levantado de su cama solo para ir comprobar que se había marchado.

Después de tal experiencia, la mayoría de los chicos quisieron irse y no trabajar más en el lugar, pero decidieron quedarse, por una mejor paga y siguiendo la regla fundamental de no quedarse ahí al anochecer, para no toparse con aquella aparición, perteneciente a un antiguo trabajador que murió en el lugar. Lo raro de este tipo es que en vida siempre fue reconocido por el gusto que tenia de desmembrar a los animales y las amenazas que lanzaba cuando alguien lo interrumpía, le dijo a un par de compañeros que los destazaría cual vacas…don Julián pensaba que era mejor dejarlo tranquilo haciendo su trabajo aun después de muerto, pues no fuera que al interrumpirlo quisiera colgarlos en los ganchos y hacerlos también pedazos.

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